Filipinas en fotografías desde la tierra y el aire
Ayer sábado estuvimos viendo el viaje que Pilar y Ángel realizaron al Filipinas.
a Ángel lo conozco desde hace cincuenta años, en el año 1970 cuando llegamos con la familia a Zaragoza, Ángel ayudaba a su padre en la barra del bar "Angelillo" situado en la calle La Libertad, en el tubo, nosotros vivíamos en la calle des los Estébanez, alguna tarde me pasaba a tomar un zurracapote a su bar. Cuando se jubilo su padre Ángel cerró el bar y puso una copistería en la calle Concepción Arenal, próximo a la universidad, coincidió con mis años universitarios y frecuentaba su local.
Ángel es un apasionado de la fotografía, pertenece a la Sociedad Fotográfica Aragonesa y organiza exposiciones fotográficas, habitualmente las expone en bares, le gusta fotografiar las caras de las personas que conoce en los lugares que visita "la cara es el reflejo del alma". También organiza pases de diapositivas de sus viajes, su segunda pasión en viajar, conocer personas y paisajes. Esta tarde nos acompañaron Pili y Toñin. En la pared vemos fotografías, a la izquierda una joven de la India, Ángel pertenece a la ONG, la Estrella de la Mañana, que patrocina un orfanato en India. Ángel es un entusiasta de causas humanitarias.
En esta ocasión, la novedad ha sido la realización de videos y fotografías con el dron, espectaculares las panorámicas que de otro modo no hubiera podido realizar. Ángel fue relatando las distintas islas que pudo visitar: Luzón, en la que se encuentra Manila, capital de Filipinas, Samar, Mindanao, Cebú, Palawan... en esta panorámica podemos observar los pequeños barcos de color blanco que se alquilaban a modo de taxi, era el único modo de acceder a las pequeñas islas que forman el archipiélago filipino.
Mi tierra es llana y la montaña,
Es viento y florece en primavera,
Y es lenta agonía estremecida
En el cauce sin fondo, de las venas.
Es el árbol que clava sus raíces
Y esparce su simiente en las praderas,
Y es la cansada mano que reposa
Cuando sueñan, en sombras, las veredas.
Es la delgada lluvia del otoño,
Y son los valles y las altas sierras,
Y es la espiga dorada que madura,
En el surco abrasado de la tierra.
Es el fruto del agrio limonero,
Y del olivo, que la noche vela,
Y es la fría corteza del invierno
Cubriendo las heladas sementeras.
Mi tierra son las luces de los puertos,
La nostalgia de voces marineras,
Y esa angustiada sensación de huida
En el lento sonar de las sirenas.
Son las luces palabras aprendidas
Que
hasta la muerte expresa nuestra lengua,
Y es este corazón que busca en vano
Su sombre reflejada en las riberas.
Son los húmedos campos de rocío,
Es la nieve y el sol, la mar serena,
Y es lo que está muy lejos, y llevamos
Muy cerca del dolor y de la pena.
MARIA ENCISO



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