Coincidencia bibliográfica
En este mes de agosto, que hoy termina, he encontrado una interesante coincidencia en dos libros de los que he leído.
El libro Impresiones de Arte de Mauricio López Robert, le compre en el Mercado del Encant, en Barcelona, como el señala el título se recogen las impresiones del autor sobre colecciones privadas, obras que no recogen los museos y que ignoramos de su existencia. Son cuadros que sólo las contemplan los dueños, veces sus criados. En el libro se recogen obras de los mejores pintores de la pintura española: Rafael Meng, Goya, Sorolla, el Greco, Velázquez, Zuloaga. El libro se publico en 1931 y en el preámbulo el autor da la gracias a los "poseedores de las galerías, que tan amablemente se han prestado a facilitar la divulgación de arte y de conocimiento de cuadros". Algunos nombre de propietarios: El señor Conde de Muguiro, André Jaquemart, Galeria Santamarina en París, el Marqués de Casa Torres. Los señores Príncipes Pio, marqueses de Castel-Rodrigo...
Para la portada del libro López Robert ha elegido el cuadro de Velázquez de don Manuel de Moura y Corte Real, la descripción que realiza sobre el cuadro me parece fascinante " El marqués es un hombre ya viejo, está de pie, junto a una silla donde apoya su diestra, que sujeta un papel, la otra cae sobre la guarda la aguarda amplia de una espada. Ricas, severas ropas sombrías cubren su cuerpo negro, algo encorvado y abatido por el tiempo, sin que presente su atavío más colores que el blanco de la gorguera y de los velillos y el rojo de la Orden del Cristo, de la que era Castel-Rodrigo comendador mayor. La cabeza con blanca perilla que pende del mentón, una serena melancolía reviste el grave rostro, donde la nariz pesa algo sobre el bigote, también blanco y separa con su fuerte caballete los ojos. El cráneo algo desguarnecido, cúbrase aún con largo laso cabello canoso, que albea más sobre la sien, bajando hasta la oreja. Las mejillas descárnense un poco, dejando adivinar el saliente de los pómulos, y la piel cansada, marchita, exangüe de la vejez, se hunde en profundos surcos y en menudas arrugas junto a los ojos, pliega en fofas bolsas y en menudas arrugas junto a los ojos, que miran bajo los párpados cansados".
De Luis Cernuda he leído la Poesía del Exilio, como recoge el título del libro recoge sus poemas de las distintas partes en su vida de exiliado: Escocia, Londres, Nueva Inglaterra, México (1949) y Paris (1952). Cernuda en carta del 2 de febrero de1950 a Jorge Guillén habla del cuadro aquí descrito "Tengo remordimientos, pues pase por delante del museo, de no haberme detenido para visitar a fray Hortensio Paravicino, debe aburrirse tanto en Boston del pobre" . Cernuda no se adaptó al clima y se traslado a Méjico. El poema "Retrato de poeta" la dedica al cuadro de Fray Paravicino.
Fray Hortensio Paravicino del Greco, López Roberts afirma que el Greco fue amigo de Paravicino, al que retrato varias veces, Cernuda visito la pinacoteca norteamericana. Siguiendo la descripcion de Lopez Roberts "El Greco pinto a fray de frente y de busto, con el sayal de su orden, el capuchón echado sobre los hombros, rodea con la jerga blanca de su forro. El rostro agudo y delgado, se cubre con el pelo laso y corto de negra barba que le corre por las mejillas, la boca cerrada, melancólica, los labios carnosos, bien contorneados y algo sensuales, Los ojos poseen una fuerza de atracción magnética tan grande, que a través del tiempo y del abismo que separa a los vivos de los muertos nos subyugan con su serena autoridad, con el consiguiente desengaño de sus pupilar, que miran al mundo como algo inexistente, de donde toda vida se ha retirado ya.
¿También tú aquí, hermano, amigo,
Maestro, en este limbo? ¿Quién te trajo,
Locura de los nuestros, que es la nuestra,
Como a mí? ¿O codicia, vendiendo el patrimonio
No ganado, sino heredado, de aquellos que no saben
Quererlo? Tu no puedes hablarme, y yo apenas
Si puedo hablar. Mas tus ojos me miran
Como si a ver un pensamiento me llamaran.
Y pienso. Estás mirando allá. Asistes
Al tiempo aquel, parado a lo que era
En el momento aquel, cuando el pintor termina
Y te deja mirando quietamente tu mundo
A la ventana: aquel paisaje bronco
De rocas y de encinas, verde todo y moreno,
En azul contrastado a la distancia,
De un contorno tan neto que parece triste.
……………….
El norte nos devora, presos en esta tierra,
La fortaleza del fastidio atareado,
Por donde solo van sombras de hombres,
Y entre ellas mi sombra, aunque está en ocio,
Y en su ocio conoce más la burla amarga
De nuestra suerte. Tú viviste un día,
Y en él, con otra vida que el pintor te infunde,
Existes hoy. Yo ¿estoy viviendo el mío?
¿Yo? El instrumento dulce y animado,
Un eco aquí de las tristezas nuestras.

























