Marcha por los Mallos de Agüero
Este fin de semana hemos realizado una marcha circular por los Mallos de Agüero
A las diez de la mañana aparcamos el coche en el pueblo de Agüero, y en compañía de Concha, Teresa y Jesús comenzamos la marcheta circular por los Mallos de Agüero; la formación de los mallos se produce debido a la erosión de los conglomerados, las fracturas favorecen el aislamiento de los mallos que evolucionan por disgregación y caída por gravedad.
La marcha fue suave, al comenzar una cuesta nos hizo sudar un poco, después todo el camino fue llano, la vegetación la que corresponde al otoño, espectaculares los frutos de los madroños, bolas de color amarillo, en el cielo vimos volar a buitres leonados que anidan en los huecos del macizo. Mientras caminamos con Jesús nos pusimos al día de "nuestras vidas", estaban contentos de la vuelta de Australia de Julia su hija.
En el camino nos encontramos con la estatua de la reina Berta, un cercano panel informa del reino de los Mallos, que existió entre los años 1105 y 1111, afirma el panel que la zona de la Galliguera fue gobernada por Berta, segunda esposa del rey Pedro I de Aragón. A su muerte Alfonso el Batallador ocupo la corona aragonesa que quería tener ocupada a su cuñada Berta y pensó fundar un reino para ella garantizando así la defensa del paso del río Gállego. Doña Berta y sus hijos murieron prematuramente y el reino desapareció. Detrás de Carmen lucen los diferentes colores que adornan el macizo y la peña Sola que forman los Mallos.
Para finalizar la marcha paramos en la plaza Mayor de Agüero, en la que se encuentran el Ayuntamiento y la iglesia de San Salvador de espectacular portada románica con Cristo Pantocrátor rodeada de los cuatro evangelistas. Como telón de fondo los Mallos, una delicia para la vista... en la fotografía Carmen y Concha están de espaldas, mientras Jesús y Teresa cabían impresiones. Antes de volver a coger el coche dimos un paseo por las calles del empedrado pueblo en el que se ven casas restauradas.
Ya en Huesca comimos en casa de Concha y Jesús, que había cocinado una caldereta de cordero con la que nos chupamos los dedos.




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