En Ávila tierra de cantos y santos
La semana pasada estuvimos en Ávila y provincia en viaje cultural organizado por el Imserso
El domingo 26 de noviembre a las dos de la tarde llegamos nuestro destino, el hotel Cuatro Postes, a dos kilómetros de Ávila. Después de comer el reparto de habitaciones, la nuestra con vistas a la muralla. Aquí nos encontramos con nuestros amigos Pilar y Manolo (Macue).
Por la tarde entramos en la ciudad amurallada, nuestra primera visita fue a la Catedral. De las puertas de entrada la más bonita es la de los Apóstoles, en el interior paseamos por sus amplias naves, nos llaman la atención las alturas columnas, el coro, el altar mayor, después nos adentramos en el claustro, en la girola, de dos naves, me impresionó el color rojizo de la piedra, es una piedra que "sangra". Aquí encontramos la "joya" de la catedral El Sepulcro del Tostado una maravillosa obra escultórica del Renacimiento. El obispo sentado, escribiendo, con un amplio ropaje... me deleito en la contemplación. Esta obra ya justifica el viaje.
Al siguiente día realizamos visita guiada con el grupo, cincuenta y tres personas mayores de edad. Pasemos por las calles de Ávila, por sus plazas, y entramos en muchas iglesias: la casa natal de Santa Teresa, hoy convertida en iglesia, la de San Pedro, San Andrés, Sonsoles y algunos palacios. De los monasterios visitamos en el Santo Tomás el más grande que he visitado en España, con ¡tres claustros! Edificado por auspicio de los Reyes Católicos y para la orden de los Dominicos, en sus muros destaca el sepulcro del príncipe Juan, heredero del reino que falleció a los 19 años. Otra tumba celebre fue la del Monje Torquemada, saqueada e incendiada por las tropas napoleónicas. El santo inquisidor acabó como le gustaba.
Por ásperos caminos he llegado
A parte que de miedo no me muevo,
Y si a mudarme o dar un paso pruebo,
Allí por los cabellos soy tornado.
Mas tal estoy, que con la muerte al
lado
Busco de mi vivir consejo nuevo,
Y conozco el mejor y el peor apruebo,
O por costumbre mala o por mi hado.
Por otra parte, el breve tiempo mío,
Y el errado proceso de mis años,
En su primer principio y en su medio,
Mi inclinación, con quien ya no
porfío,
La cierta muerte, en fin en tantos
daños,
Me hacen descuidar de mi remedio.
GARCILASO DE LA VEGA
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